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En la Corte del Faraón

junio 7, 2007

 

EN LA CORTE DEL FARAÓN

 Contempla la capa que alguna vez fuera de intenso color morado, y que el paso inexorable del tiempo ha desgastado. La  trama abierta de un terciopelo endurecido, los alamares desflecados que se deshacen con sólo tocarlos, y la opacidad de los delicados bordados en hilos de oro, con ribetes en azul, descoloridos, le recuerdan que han pasado ya cuarenta años desde el día aquél. Todavía conserva el programa donde lee su nombre: Julia Fons, primera en el  reparto y protagonista central de la famosa Opereta “La Corte del Faraón”, de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, que con tanto éxito se representó por primera vez en el Teatro Eslava de Madrid, aquella noche inolvidable del 21 de enero de 1910.Mientras las lágrimas caen sobre la túnica de Lota, que aún conserva, recuerda los ojos de Antonio, y su pudor cuando en una escena tuvo que aparecer desnudo; aquélla en la que tan risueñamente pronunciara  la frase “la peor granujería de toda la Mesopotamia”, que había provocado una carcajada inmediata en el público, refiriéndose a sus hermanos envidiosos, esos mismos que lo habían arrojado a la cisterna para que  los ismaelitas, al pasar y verlo, terminaran vendiéndolo por veinte siclos.Era ella Lota, era él José. Y la capa en cuestión, objeto del tironeo entre dos mujeres que se lo disputaban. Su rival era nada menos que la Reina, la esposa del Gran Faraón, Juanita, la que había tenido la suerte de vestir el mejor traje, entre otros hechos afortunados que el destino le había deparado.Todavía escucha la música, el grito ¡Ritorna Vincitor! y recuerda la escenografía, con la plaza de Menfis a un costado y la tribuna con dosel donde los reyes aparecen rodeados de esclavas con  brillantes abanicos de plumas multicolores y al pie del trono el copero, sosteniendo la copa de oro, mientras las nubienses encienden los pebeteros.La Guardia Real se desplaza solemnemente en escena, con sus lanzas y estandartes, y de fondo los clarinetes anuncian la llegada del General Putifar. Aunque más la emocionaba el recuerdo del sonido de las arpas, cuando en las escenas románticas, sentía el contacto de la piel de Antonio, que declamaba sus versos, y gritaba al aire su condición de casto.Bien sabía ella cuán poco casto era Antonio, avasalladoramente seductor, envuelto en esas confusas situaciones donde Lota y La Reina intentaban subsanar una, las carencias de esa insólita noche de bodas junto al General, la otra, las interminables siestas del Gran Faraón, siempre borracho, siempre dormido.Vuelve a mirar la capa y la ve ensangrentada. No entiende. Sus recuerdos se entremezclan. Un sonido metálico interrumpe sus pensamientos.Deja caer sus manos pesadamente sobre la falda del uniforme gris, mientras escucha el vozarrón de la carcelera que le indica que es hora de comer.Sigue siendo Julia, ya no es más Lota. Y se niega a creer que Antonio hace exactamente cuarenta años  dejó de existir, el mismo día, el mismo penoso día  en que  abandonó para siempre el escenario. 

FIN

 

Publicado en el Foro de Cuentos de La Nación.

 Consigna: Un cuento ambientado en la Corte del Faraón. Se me ocurrió que una divertida idea era estructurarlo en torno a la conocida Opereta “La Corte del Faraón”, de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, que con tanto éxito se representó por primera vez en el Teatro Eslava de Madrid, aquella noche inolvidable del 21 de enero de 1910.     


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