Con tanto conocimiento enloqueció al punto

Con tanto conocimiento enloqueció al punto

 

Con tanto conocimiento enloqueció al punto  y a la coma, y al punto y coma.

Los puntos no sabían donde ubicarse, si encima de las letras “i” y “j” o señalar una pausa al final de la oración. O bien colocarse entre números indicando que ciertas magnitudes debían multiplicarse. Las comas, confundidas,  preguntaron “al punto” que contestó: “enseguida”. A punto de enloquecer un punto se subió a otro y decidió ponerle dos puntos a una oración y dijo: son las dos en punto. Otro se transformó en medio punto, es decir en una curvatura de ciento ochenta grados en una bóveda o un arco. Aparecieron los puntos cardinales, que en número de cuatro, dividieron el horizonte en otros tantos arcos iguales: norte, sur, este y oeste. Y cuando las cosas parecían estar a punto merengue, en realidad cayeron en un punto muerto. Cada uno tenía su punto de vista. Decidieron analizar el tema punto por punto y terminaron poniendo punto y raya, con lo cual inauguraron el epígrafe. A cada idea le ponían punto y seguido, y cuando nada parecía estar a punto, salvaron la situación los puntos suspensivos, que dejaron librado a la imaginación del lector lo que no lograban comprender…

 

N. de R.: Publicado en el Foro de Cuentos de La Nación (Argentina).

 La consigna consistía en escribir comenzando por la frase: “Con tanto conocimiento enloqueció al punto”.

 

 

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