Mosaico de imágenes

URBI ET ORBI 

Eran centenares, perfectamente alineadas, unas junto a otras. De color marrón oscuro, vistas de lejos semejaban esa foto que había contemplado hacía unos días y que mostraba un suelo desértico, agrietado y yermo, que sediento se fracturaba en pedazos. En su mano izquierda un cáliz, levantó el sacerdote ortodoxo su mano derecha y bendijo las tortas, mientras en Kiev, una multitud hacía flamear banderas al viento. En ese mismo instante, cuatro mujeres experimentaban el frío de piedra en la plataforma sobre la cual, inclinadas, oraban. Era el Santo Sepulcro. Por  primera vez en dos décadas coincidía el calendario juliano y  gregoriano, y de Moscú a Sofía, de Roma a Jerusalén, los cristianos ortodoxos y los apostólicos romanos celebraban en todo el mundo, la Pascua. Urbi et orbi se denunciaban los males que seguían azotando al planeta. “¡Cuántas heridas! ¡Cuánto dolor en el mundo!, clamaba el pontífice alemán desde el balcón que preside el óvalo enmarcado por columnatas, en una atestada Plaza de San Pedro. Mil millones de personas era la audiencia estimada, mil millones de oídos escuchaban al unísono el mensaje trasmitido en directo a sesenta y siete países, mientras una voz en italiano les recordaba que el dolor, el mal, las injusticias y la muerte afectan principalmente a los inocentes y que los niños son en particular las víctimas de las guerras y el terrorismo, de las enfermedades y el hambre. Las tragedias en las islas Salomón, en América Latina y en Africa desfilaban ante los atribulados ojos. Sudán, Kinshasa, Congo. Somalía, el drama de los refugiados, el tráfico de armas y la “grave crisis que atenaza a Zimbabwe”. Timor oriental, Sri Lanka, Afganistán, poblaciones ensangrentadas por matanzas constantes.  El polvorín de Medio Oriente y las frustradas esperanzas de diálogo entre Israel y la Autoridad Palestina. Irak, el Líbano y un futuro hipotecado. Y cumpliendo con la tradición, Benedicto XVI deseaba Felices Pascuas en sesenta y dos idiomas, incluyendo el arameo (la lengua de Jesús) y el esperanto. Como si los distintos lenguajes fueran insuficientes para abarcar ese clamor de paz ante todas las situaciones dramáticas que quiebran la esperanza. Mientras tanto,  Muqtada-al-Sadr, preparaba una gigantesca marcha; al día siguiente se cumplían cuatro años de la caída de Bagdad. Todavía resonaba el ruido estrepitoso de la estatua de Saddam, cuando con una soga al cuello, una unidad de marines la arrojó al suelo, ese 9 de abril de 2003. El mapa de la memoria se hace difuso y el tiempo se pierde en el laberinto de un mundo que no fue. En EEUU, diez monedas de oro en un cuenco recuerdan los diez soldados muertos durante el fin de semana y una llama que se extingue, los atentados con los coches- bomba. El sábado de gloria, en Kabul, una madre desgarrada ve derrumbarse sus castillos de cristal. Se niega a aceptar la muerte de su hijo de veintitrés años en manos de los talibanes. La mágica ciudadela que en su imaginación había construido  Adjmal Nashkbandi, con cada una de sus palabras, cuando en un perfecto italiano hacía de traductor  del periodista Daniele Mastrogiacomo, había desaparecido para siempre.    

Foro de cuentos La Nación, 10 de abril de 2007 

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Una respuesta to “Mosaico de imágenes”

  1. Ignacio Elizalde Says:

    Excelente manera de poner el énfasis que requiere la lectura de esas noticias. Magnífica síntesis, lo había leído en el foro y me sorprendió la forma magistral y tan creativa en que uniste aquella vez las imágenes que La Nación había colgado.
    Aprovecho para decírtelo.

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